Te fui siguiendo
me fuiste perdiendo.
Te pensé y te vi
tu cabello feo y enmarañado.
Tu caminar que iba pausado
renegado, arrastrado.
relinchando cuando apresurabas
raspando al detener.
Trataba de alcanzarte y tocarte
pero las cajas vacías caminantes
siempre se esmeraban en empujarme
siempre lento, siempre fuerte,
a pesar de que esquivaba.
Ese movimiento manual,
ese pelo cenizo. Gastado.
Ese tambaleo de cadera
moviendo tu mejor cualidad.
Me acercaba. Te alejabas.
Me golpeaban y empujaban. Te alejabas.
Me miraste de reojo y más huiste.
Al fin te hube alcanzado.
No eras tú. Espera.
Sí eras tú, pero no te parecías.
Quizá si me alejo
otra vez te veas tú.
¿Y si quiero verte de cerca
y olerte y tocarte el hombro?
¿Y si me acerco y otra vez no eres tú?
Me conformo con verte de lejos,
al menos así, sí eres tú.
Catrina Magdalena
Agosto, 2011
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