domingo, 8 de abril de 2012

A Antonio, mi viejo

        I


Darte un besito por la mañana,
desenredar tus marañas de cabello fino
estrujarte el pecho
la espalda
las nalgas.


Buscar tu punto interno
donde escribí y reescribí
mi nombre y apellidos
y firmar en tu sonrisa
la gracia de una caricia.


Rebuscar en la memoria
de las putas vividas,
el recuerdo de un te amo
tuyo,
ahora mío.


Derretir mis senos en tus muslos,
embestirte el ombligo con una lengua chorreante.


Sentarme en tu regazo como cuando infante era
y tu cabello recubierto de hilos plata no estaba.


Yo ahora mujer.

aún más hombre.


Mi mamá no se ha de enterar
al mercado ha salido a pasear.
Varón de bigote color pinto,
déjame amarte,
aunque fuese sólo un rato.


        II


-¿De manzanilla o de limón?- dije yo
-Té verde, de favor.
Obsérvame ladeando la tetera
y si tú quieres,
arrímame la jerga
por si algo se derrama.


Regálame un suspiro
y cuéntame una historia de las de antes.
Límpiame la boquita
ensúciame la rodilla
lámeme la garganta.


-¿Más té?- pregunté
-No, es hora de la merienda,
tu madre está por llegar.


        III


Ráscame la nuca
húeleme el sobaco
acaríciame el tobillo.
Mamá está por llegar.


Vístete abuelito,
mamá está por llegar
más té, debo preparar.


Catrina Magdalena
Marzo, 2012

Mi verdad; sí, la de hoy.

Para tí, Después Deusted, porque tengo el sentimiento. Te lo regalo...


Cuentera siempre he sido, poetiza nunca. Nunca se me ha dado, quizá forzado, quizá poco rebuscado. Enamoradiza tal vez, pero expresiva jamás, por eso escribo cuentos, porque no tengo que ser yo quien todo lo diga,  porque quiero echarle la culpa a los otros de haber dicho o sentido tal.  Ahora, tengo miedo disfrazado de un “te quiero” prolongado, enmascarado con la seguridad de estar contigo. Sí, contigo. ¿Por qué? ¿Por qué elegirte a ti habiendo tantos que podrían darme otras cosas? Porque me gustas tú. Tal cual. Me gusta lo que me das, lo que quieres regalarme porque así te nace, el problema está en que a mí no me nace llenarte de palabras, porque son las palabras mis mejores amigas, y como tales, me conocen tanto que podrían terminar por traicionarme, por cortarme los dedos y despellejarme los sentimientos.  Me nace quererte, adorarte, y qué va, que el miedo me lo permita en esta ocasión, amarte. Porque me cuesta amarte con todas las letras, porque es confuso pintarte mis sentimientos en papel blanco. 
    Confío tanto en ti, que he caído en la desconfianza en mí; he perdido mi capacidad de saber que todo está bien, que soy libre de querer y expresar. ¿Qué acaso no puedes perdonarme el tener la palabra rota? En realidad, creo que eres tú quien debería pegarme a besos las comas y puntos; endulzarme las mañanas, como yo tanto lo sueño.  Poder despertar y tener la seguridad de que aún eres real, de que puedo vaciar en tu sueño todo eso que me gusta entregarte más, en forma de abrazos, besos, confianza, placeres, dulzores de miradas y todo ello.
    Porque estoy harta de tenerle miedo a todo aquello de la palabra, a recibir una puñalada filosa de un “no te quiero más”. Tengo miedo. Tengo terror. Pero sorprendentemente tengo ganas, ganas de ti y de lo que tienes; tengo ganas de que me tengas ganas todos los días. Ganas de tener ganas, contigo.  Me da miedo quererte más de lo que tú a mí; me aterroriza que un día ya no te gusten mis ojos, ni mi pelo, mis manos, mis lunares, que te canses de ellos, que les pierdas la cuenta y no quieras volver a verme bella. 
Mi palabra temblorosa,  desarmada, abandonada por mí misma, con ganas de arrojarse a ti y abrazarse a tu querer. Quiero estar contigo, anhelo seas mi hombre de bien, ese que siempre soñé, aquel que me escribiere letras honestas, que me abrazara mientras duermo, que me hiciera sentir la más hermosa, que me dejara amarlo sin preocupaciones, sin inhibiciones.
    Mis lágrimas han caído, espero no manchen tu pecho. Pásame un pañuelo, bésame de nuevo la mano, y yo te acariciaré el alma. Te veré a los ojos castaños, acomodaré tus canas, tocaré tu aliento con mis labios y te querré de la forma más honesta que este cuerpo, ahora joven, me permita.
    Por favor, prométeme, júrame, tomando esa lágrima que derramé en tu ser, que si te dispondrás a amarme, me dejarás, al igual, también hacerlo. Quítame ese miedo a pronunciar tu nombre y no te vuelvas a mirarme. Quítame ese pánico que siento al observarte fumando tus cigarros, cantando canciones que apenas me sé, ese pánico al querer lanzarme y soltarte todo mi cuerpo y alma.  Ese sentimiento de pena al admitir que te pienso en todo momento. 
    Por favor, respóndeme esta vez, ¿acaso ya te has enamorado de esta cuentera? Porque ella ya se enamoró de un poeta que huele a tu escencia.



Catrina Magdalena
Abril,2012

lunes, 19 de marzo de 2012

Espera

Te fui siguiendo
me fuiste perdiendo.
Te pensé y te vi
tu cabello feo y enmarañado.

Tu caminar que iba pausado
renegado, arrastrado.
relinchando cuando apresurabas
raspando al detener.

Trataba de alcanzarte y tocarte
pero las cajas vacías caminantes
siempre se esmeraban en empujarme
siempre lento, siempre fuerte,
a pesar de que esquivaba.

Ese movimiento manual,
ese pelo cenizo. Gastado.
Ese tambaleo de cadera
moviendo tu mejor cualidad.

Me acercaba. Te alejabas.
Me golpeaban y empujaban. Te alejabas.
Me miraste de reojo y más huiste.

Al fin te hube alcanzado.
No eras tú. Espera.
Sí eras tú, pero no te parecías.
Quizá si me alejo
otra vez te veas tú.
¿Y si quiero verte de cerca
y olerte y tocarte el hombro?

¿Y si me acerco y otra vez no eres tú?

Me conformo con verte de lejos,
al menos así, sí eres tú.


Catrina Magdalena
Agosto, 2011